
Con profundo recogimiento y fe, nuestra comunidad parroquial vivió la Adoración de la Cruz y la Procesión del Silencio, recordando el sacrificio de nuestro Señor Jesucristo en la cruz.
Durante este momento tan significativo, los fieles se acercaron a venerar la cruz, signo del amor infinito de Dios, en un ambiente de silencio, oración y reflexión.
La Procesión del Silencio nos permitió acompañar espiritualmente a Cristo en su camino, meditando su entrega total por nuestra salvación y renovando nuestra fe en su amor.
Agradecemos a todos los que participaron con respeto y devoción en esta celebración tan especial.
Que lo vivido en este Viernes Santo permanezca en nuestros corazones y nos impulse a vivir con mayor fe, humildad y amor cada día.